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Durante los siglos que denominamos del Renacimiento la península italiana no solo fue el centro europeo de la innovación en arquitectura, escultura o pintura, sino el origen de casi todos los inventos relevantes para el mundo moderno, desde el capitalismo a la física. En torno a 1600 el laboratorio de experimentación musical funcionaba a pleno rendimiento, y no es en absoluto casual que Galileo Galilei, padre de la ciencia moderna, fuera hijo de Vincenzo Galilei, laudista y especialista en acústica y sistemas de afnación, del que Galileo heredó la afción por la experimentación.
En un momento bisagra entre las que hoy conocemos como músicas renacentista y barroca, los compositores italianos manejaban entonces una variedad infnita de formas musicales, estiraban al límite las posibilidades de las antiguas y creaban otras nuevas; más aún los instrumentistas, quienes, como hoy hace un saxofonista de jazz, sacaban ventaja ante los cantantes de sus habilidades para improvisar y adornar. En esta grabación tendremos ocasión de saborear muchas de esas formas musicales: viejas danzas improvisadas sobre un patrón como los balli, los passamezzi o la tarantela; disminuciones –o sea, ornamentaciones melódicas– sobre canciones famosas en el momento, como hace Valente con Chi la dira; suaves melodías como las de Frescobaldi o Falconieri; agitadas variaciones sobre secuencias de acordes como la follia... Pero el verdadero lugar de diversión de estos músicos eran las toccate, piezas abiertas en estilo improvisatorio que a su vez servían como campo de experimentos originales hasta la extravagancia:consonanze stravaganti, ligature, cembalo cromatico... disonancias atípicas, modulaciones estrambóticas, afnaciones extrañas, cromatismos retorcidos, temperamentos desusados, pasajes tan lisérgicos como el fnal de la Toccata VII de Michelangelo Rossi que poco tienen que envidiar a los experimentos armónicos wagnerianos tres siglos posteriores...
Escritas como polifonía abierta, las obras vocales eran adaptadas a las peculiaridades de cada instrumento de modo no ya habitual, sino obligatorio, como testimonian las docenas de tablaturas publicadas entonces en que los teclistas versionaban las piezas de moda ornamentándolas y mejorando sus efectos. Sara Águeda y Javier Núñez entran en ese juego creativo explotando las similitudes y diferencias entre el arpa y el clave, los reyes de los instrumentos polifónicos del momento; siguiendo el Zeitgeist buscan los contrastes dinámicos, los registros extremos, los límites de sus cuerdas, los colores con que mejor pintar los estados de ánimo; hechas suyas estas piezas de antología tras años de trabajo conjunto, se comparan, acompañan, responden, adornan y complementan para, retirado el polvo que cubría las viejas ediciones, devolverlas a nuestros oídos como vanguardia viva.
Juan Ramón Lara
Sara Águeda, arpa doppia
Javier Núñez, clave